lunes, 27 de octubre de 2008

Itinerario de Gastón.

Hoy me di el trabajo de visitar a mi alterego, una niña que me parece bien interesante aunque un poco ociosa, seguramente no sabe bien en qué ocupar su tiempo libre. A pesar de eso, me parece bien simpática y me agrada bastante.
Hable mas bien poco con ella, debido a que me dediqué mas a observar cómo actúa frente a situaciones cotidianas y llegué a la conclusión de que definitivamente ella sí es mi alterego. (Escribo esto porque debo reconocer que al principio tuve dudas de aquello, ella me parecía una chica simpaticona aunque sus costumbres un tanto raras, ahora explicaré porqué)
1.- Hace todo lo que una niña de su edad haría antes de irse al colegio en alrededor de una hora, en treinta minutos. Me impresiona este aspecto e inmediatamente me lo cuestioné. Yo soy tan presuntuoso que puedo quedarme frente a un espejo por horas y horas y definitivamente no me canso.
2.- Se supone que los lentes que ocupa los debe usar solo para leer y para ocupar cierta cosa tecnológica a la que no me referiré mucho debido a que no quiero entrar en detalles ni en descripciones de cosas que no me son coetáneas. Sin embargo, los usa para ir a comprar, para escuchar a sus profesores, etc. Seguramente los usa para darse un aire intelectual aunque ella, de por sí es una persona intelectual. (Lo digo por como se expresa cuando escribe. Sus escritos me parecieron muy interesantes, no es por vanagloriarme de que sea precisamente mi otro yo)
3.- Cuando llega a su casa puede pasar horas y horas probándose distintas combinaciones de ropa. Me quiero detener un poco mas en este punto, porque aquí me di cuenta de que somos muy parecidos, no tanto en la pretenciosidad del asunto, sino en que este hecho me demuestra lo insegura que es. A mi parecer, en la primera tenida que se probó se veía bien, sin embargo, se miró al espejo, se dio unas vueltas y se cambió de ropa. Lo mismo pasó en tres ocasiones por lo que me reí un poco (bastante) de mí mismo; vinieron a mi mente episodios de inseguridad que seguramente en otro momento describiré mas detalladamente. Su sonrisa de satisfacción al encontrar la tenida para el día me sacó otra carcajada.

Cuando concluyó por ponerse una chaqueta negra sobre la ropa que traía puesta (que a mi parecer no combinaba), salimos hacia el centro. Aparece otro mecanismo tecnológico llamado “metro” (aún me pregunto porqué se llama así), del que no quiero hablar. Llegamos a un lugar bastante interesante, jamás había visto tanta gente que caminara sin dirección, de un lugar a otro y tan rápidamente. Mi niña miraba hacia todos lados y se reía. Su risa me pareció estúpida, pero es tan contagiosa que no pude evitar reírme con ella y aunque, todos nos miraban, tengo la certeza de que ambos nos sentimos liberados.
Nos topamos (mas bien nos tropezamos) con un vendedor ambulante. Mi alterego no es mucho de hablar con cualquier persona que camine por la calle, eso me gusta de ella porque pasa desapercibida (a veces preferiría no ser tan famoso, o más bien, parecer llamativo para la masa), aunque con esta persona surgió un ambiente de confianza instantánea, por lo que nos quedamos (se quedó) conversando con él una buena parte del día.
Se llamaba (se llama) José del Rosario. Cuando le dijo su nombre, Macarena puso unos ojos que eran una mezcla de sorpresa y risa, aún me pregunto la razón; fue como que si encontrara a alguien a quien buscaba involuntariamente.
El tema de conversación me pareció algo que ya había escuchado en alguna otra ocasión, por lo que no presté mucha atención y me dediqué a observar a la gente. Es impresionante ver sus rostros tan inexpresivos, me recuerdan a la cara de mi madre al estallar la Guerra Civil. Aún yo era muy pequeño (tenía alrededor de seis años), por lo que solo tengo pequeños flash-backs presentes en mi cabeza.

Cuando terminaron de hablar, nos despedimos gentilmente y le compramos una de esas rarezas que vendía, pero que me parecieron muy apetitosas (y muy frías), a pesar de no haberlas probado nunca. No sabría como describir la cara que llevaba mi niña, pero me dibujó una sonrisa instantánea. Viajamos en el “metro” nuevamente, debo admitir que es una sensación nueva y que me mareé un par de veces, nada muy raro para alguien que vive otra época. Increíblemente llegamos en un par de minutos a su casa, estábamos solos. Ya era muy tarde así que Macarena se fue a dormir, y yo me quedé mirándola. Su manera de dormir es similar a la mía, demora tanto tiempo en encontrar la posición más cómoda. (Que cambia todos los días, me pregunto por qué será, por qué nos pasa eso a los dos; quizá nunca encuentre la respuesta)
Verla intentando resolver este último pequeño gran problema del día me produjo un poco de sueño, por lo que decidí despedirme simbólicamente cubriéndola con la sábana que había dejado en el suelo, entre medio de su desorden (un par de zapatos en el suelo) y me devolví a mi mundo. Fue un día de mucha reflexión, pero interesante.

1 comentario:

Macarena Andrea :* dijo...

señorita macarena.
m gusto mucho su forma de expresar lo que siente por usted y su alterego
siga asi y sera una muy buena escritora porque me mantuvo interesada en el hasta el final
me gusta maka que encontraras una forma de eexpresar lo que sientes,gracias a tu querido profesor de artes.....que tanto te gusta
sigue asi y t comentare cada cosa que escribas
te quiero mucho amiga